Habían
pasado meses de cuando lo conocí, y para ser sincera, no me gustó desde un principio,
por lo cual no fue amor a primera vista, además no era el tipo de chico que me
gustara. Con el paso del tiempo, me comenzó a parecer interesante; no solía
comportarse como cualquier muchacho, pues tenía algunos
pasatiempos un tanto extraños. En fin, después de
meses, lo volví a ver en una reunión y fue ahí cuando supe, por viva voz, que
iba hacer examen en la misma facultad donde yo entraría, me pareció buena idea
porque tendría otro conocido más ahí, aunque me
quedé un poco desilusionada cuando supe que no era Ciencias de la Comunicación –Ja! Nimodo,
pensé- . Esa reunión me gusta comentarla porque es la clave en todo esto, de no
ser por lo que pasó ahí jamás hubiéramos vuelto hablar, o bueno, nunca se sabe.
A los días, un sábado en la noche (así es, aún lo recuerdo), me dijo que había
pasado el examen y que el próximo lunes iría a los cursos, que ahí nos
veríamos. Llegó el gran día de los cursos y todo parecía ir bien, nos saludamos
varias veces en la semana. El último día de cursos, hubo un evento en el Polideportivo y desde ahí se puede decir
que comenzamos a ser amigos; pasamos todo el evento sentados juntos, hablando
de cualquier cosa que pasara por nuestras mentes y de verdad, fue muy
divertido. Puedo decir que a partir de ese día comencé a sentir un poco de
atracción hacía él, pero no sabía cómo describirla, la negaba, no era posible
(según yo) que me gustara tan pronto.
Después de ahí, no sé, pasaron muchas cosas, que poco a poquito me fui dando cuenta que su personalidad rara me fascinaba. Y creo que de cierta manera yo le agradaba, podía darme cuenta fácilmente: me hablaba más que a otras personas, no me ignoraba, incluso me dejaba que regañarle sobre los hábitos que tenía, y pasábamos la mayoría de las noches hablando de temas poco convencionales; a lo mejor, no teníamos muchas cosas en común, pero lo poco era cool, ambos nos gustaba las cosas sencillas, por ejemplo, salir a caminar con audífonos por lugares recónditos de Mazatlán, así fue la primera cita (claro, ninguno acepto que lo había sido). En esa cita me di cuenta que él era el chico indicado, nadie de mis amigos saldría a las cuatro de la tarde, en el mero solazo, a conocer un árbol enorme cerca de la escuela y mucho menos, perderse partidos de su equipo favorito de fútbol solo por mí.
Cada día que pasaba me gustaba más, deseaba que se acabaran las clases para salir a hablar un ratito con él antes de irme a mi casa. Era casi necesario verlo para poderme ir contenta (aunque suene un poco obsesivo). Él y yo, teníamos un asunto pendiente; a finales de octubre, 29 para ser exacta, estaba en clase de Economía cuando recibí un mensaje de él invitándome a su casa, invitación que acepte sin pensarlo dos veces. Fue una tarde muy agradable y llena de cosas nuevas para mí, como experimentar un “nuevo estado”, comer quesadillas (no me gustan), leer trabalenguas y reír mil; era padre conocer su casa, su cuarto, lo que le gustaba hacer en las tardes, escuchar música con él y sobretodo: tenerlo tan cerca de mí, había pensado mucho en ese momento, pero no supe que hacer y ni él tampoco. Después de ese día las cosas se tornaron más “cariñosas” y las muestra de afecto se hicieron notar con comentarios como: Gracias por compartir tu último cigarrillo conmigo, te tengo confianza, eres genial, etc.
Estábamos esperando a que se volviera a dar otra oportunidad para estar juntos y solos, casi a la semana, me invitó a comer pizza; antes de ir a comer fuimos a su casa a fumar un cigarro, quedamos bastante relajados que decidimos esperar un poco. No había mucho que hacer en su cuarto, me limité a sentarme en su cama con mi espalada recargada en la pared. Antes de sentarse conmigo, puso música para relajarnos más. Ya que estaba a mi lado, lo podía notar un poco más raro de lo normal pero no le tome importancia, solo lo miraba y escuchaba atenta la música. Se empezó a escuchar Baby I’m yours de Arctic Monkeys y pensé en voz alta: -Cambia de canción, ésta es muy cursi-. Sonrió y rápidamente le cambió, a lo cual dije: -Mentiras, es de mis preferidas, ponla de nuevo. Y en efecto, la volvió a poner y dijo: -Mariela, me estoy quedando dormido, no dejes que me duerma. En cuanto terminó la frase, buscó mi mano y la apretó fuerte. Era la primera vez que hacía eso, jamás habíamos tenido contacto tan cercano, por supuesto, yo estaba en un mar de nervios, sostener su mano, mientras sonaba la música era jodidamente perfecto. Y conforme iba avanzando apretábamos más la mano; mi otra mano estaba en su cabeza haciéndole piojito. Cuándo se acabó la canción, siguió A circular reeducation de Tycho, nunca la había escuchado pero me dejaba guiar por los sonidos bonitos y tranquilos, cuando de pronto oí que dijo: Tus ojos se ven más claros cuando les da la luz del sol, acércate más para verlos bien; obediente me acerque, él soltó mi mano y me comenzó a acariciar mis mejillas, nos acercamos cada vez más y sin pensarlo, me dio un beso. Mi primer beso fue con él, y para ser sincera, fue un asco jaja. La situación fue perfecta, pero yo no sabía besar. Me puse muy nerviosa, tanto que comencé a respirar muy rápido, sentía que mi corazón se iba a salir de mi pecho, lo único que hice fue abrazarlo muy suerte y pedir disculpas (¡¿por besar feo?!). Después de un largo rato de estar abrazados y cuando me pude controlar, le sugerí que si volvíamos a intentarlo; el segundo fue el mejor, pude sentir sus labios cálidos y suaves en los míos y el contacto de estos me hizo sentir muchas cosas inexplicables, y más cuando comencé a sentir su respiración entrecortada, así como estuve yo con el primer beso. Fue el inicio de algo sincero y bonito, quizás lo más real que haya vivido en mi corta existencia.
Después de ahí, no sé, pasaron muchas cosas, que poco a poquito me fui dando cuenta que su personalidad rara me fascinaba. Y creo que de cierta manera yo le agradaba, podía darme cuenta fácilmente: me hablaba más que a otras personas, no me ignoraba, incluso me dejaba que regañarle sobre los hábitos que tenía, y pasábamos la mayoría de las noches hablando de temas poco convencionales; a lo mejor, no teníamos muchas cosas en común, pero lo poco era cool, ambos nos gustaba las cosas sencillas, por ejemplo, salir a caminar con audífonos por lugares recónditos de Mazatlán, así fue la primera cita (claro, ninguno acepto que lo había sido). En esa cita me di cuenta que él era el chico indicado, nadie de mis amigos saldría a las cuatro de la tarde, en el mero solazo, a conocer un árbol enorme cerca de la escuela y mucho menos, perderse partidos de su equipo favorito de fútbol solo por mí.
Cada día que pasaba me gustaba más, deseaba que se acabaran las clases para salir a hablar un ratito con él antes de irme a mi casa. Era casi necesario verlo para poderme ir contenta (aunque suene un poco obsesivo). Él y yo, teníamos un asunto pendiente; a finales de octubre, 29 para ser exacta, estaba en clase de Economía cuando recibí un mensaje de él invitándome a su casa, invitación que acepte sin pensarlo dos veces. Fue una tarde muy agradable y llena de cosas nuevas para mí, como experimentar un “nuevo estado”, comer quesadillas (no me gustan), leer trabalenguas y reír mil; era padre conocer su casa, su cuarto, lo que le gustaba hacer en las tardes, escuchar música con él y sobretodo: tenerlo tan cerca de mí, había pensado mucho en ese momento, pero no supe que hacer y ni él tampoco. Después de ese día las cosas se tornaron más “cariñosas” y las muestra de afecto se hicieron notar con comentarios como: Gracias por compartir tu último cigarrillo conmigo, te tengo confianza, eres genial, etc.
Estábamos esperando a que se volviera a dar otra oportunidad para estar juntos y solos, casi a la semana, me invitó a comer pizza; antes de ir a comer fuimos a su casa a fumar un cigarro, quedamos bastante relajados que decidimos esperar un poco. No había mucho que hacer en su cuarto, me limité a sentarme en su cama con mi espalada recargada en la pared. Antes de sentarse conmigo, puso música para relajarnos más. Ya que estaba a mi lado, lo podía notar un poco más raro de lo normal pero no le tome importancia, solo lo miraba y escuchaba atenta la música. Se empezó a escuchar Baby I’m yours de Arctic Monkeys y pensé en voz alta: -Cambia de canción, ésta es muy cursi-. Sonrió y rápidamente le cambió, a lo cual dije: -Mentiras, es de mis preferidas, ponla de nuevo. Y en efecto, la volvió a poner y dijo: -Mariela, me estoy quedando dormido, no dejes que me duerma. En cuanto terminó la frase, buscó mi mano y la apretó fuerte. Era la primera vez que hacía eso, jamás habíamos tenido contacto tan cercano, por supuesto, yo estaba en un mar de nervios, sostener su mano, mientras sonaba la música era jodidamente perfecto. Y conforme iba avanzando apretábamos más la mano; mi otra mano estaba en su cabeza haciéndole piojito. Cuándo se acabó la canción, siguió A circular reeducation de Tycho, nunca la había escuchado pero me dejaba guiar por los sonidos bonitos y tranquilos, cuando de pronto oí que dijo: Tus ojos se ven más claros cuando les da la luz del sol, acércate más para verlos bien; obediente me acerque, él soltó mi mano y me comenzó a acariciar mis mejillas, nos acercamos cada vez más y sin pensarlo, me dio un beso. Mi primer beso fue con él, y para ser sincera, fue un asco jaja. La situación fue perfecta, pero yo no sabía besar. Me puse muy nerviosa, tanto que comencé a respirar muy rápido, sentía que mi corazón se iba a salir de mi pecho, lo único que hice fue abrazarlo muy suerte y pedir disculpas (¡¿por besar feo?!). Después de un largo rato de estar abrazados y cuando me pude controlar, le sugerí que si volvíamos a intentarlo; el segundo fue el mejor, pude sentir sus labios cálidos y suaves en los míos y el contacto de estos me hizo sentir muchas cosas inexplicables, y más cuando comencé a sentir su respiración entrecortada, así como estuve yo con el primer beso. Fue el inicio de algo sincero y bonito, quizás lo más real que haya vivido en mi corta existencia.

No hay comentarios:
Publicar un comentario